El Guión Literario
- OUL
- 19 ago 2020
- 2 Min. de lectura

Es frecuente dejarse llevar por la idea de que un texto literario es fácilmente adaptable a la pantalla cinematográfica por el simple hecho de evocarnos imágenes que podemos visualizar con claridad en nuestra mente. No hay nada más lejano de los hechos que ésta noción.
Para entender su dificultad es importante tener claro que se trata, en primera instancia, de dos lenguajes completamente distintos, con muchos elementos en común, particularmente su fuerza narrativa, pero con notables diferencias en sus medios expresivos. Mientras la literatura tiene como materia prima la abstracción de las ideas, el relato cinematográfico necesita el motor de la acción. Y por acción me refiero al “Drama”, aquel acto realizado en presente cuya consecuencia desencadene reacciones concatenadas.
El relato cinematográfico se sustenta con el desarrollo de las acciones, generalmente aquellas que realiza uno o varios personajes claramente identificables para el espectador. Dichas acciones cobran forma a través de las imágenes, en el tiempo y en el espacio, conformándose como una unidad indivisible para sostener el relato: el tiempo en el que las acciones se desenvuelven, dentro del espacio registrado por la imagen que las contiene.
En el texto: “Intentaba convencerse de que la intimidad de su habitación le ofrecía la posibilidad de desprenderse del rutinario papel de ser la sofisticada mujer del doctor y poder ser ella misma. Más ahora con el cuarto hijo en camino. El vientre abultado no le permitía lucir los vestidos que pacientemente doblaba ahora para llevarlos a México y poder presumirlos, una vez que hubiera dado a luz.” La acción del personaje se reduce a doblar vestidos pacientemente. Sin embargo, la forma literaria del texto nos permite saber mucho más acerca del personaje que la sola imagen de la mujer embarazada doblando ropa ¿Cómo lograr entonces capturar el contenido literario en el relato cinematográfico? ¿Cómo llevar la narración del relato a la pantalla?
El recurso evidente sería la narración fuera de cuadro, o voz en off, relatada por el diálogo interno del personaje, aún expresado en tercera persona. Utilizar dicho recurso en sustitución de las acciones que cuentan el relato parecería ser una herramienta poco eficaz, como si se tratara de una muleta que apoyara a la narración.
Cualquier acercamiento que busquemos para llevar la narración del texto a la pantalla nos obliga necesariamente a dejar de lado el relato literario y convertirlo en otra cosa distinta: el guión cinematográfico.
Así, el guión cinematográfico se convierte entonces en la detallada descripción de acciones significativas cuyas consecuencias darán pie a reacciones de mayor intensidad. Acciones realizadas por los personajes en un presente continuo y en un espacio determinado, interactuando entre ellos a través de los diálogos.
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